me has dejado sin destinatario...
lunes 31 de agosto de 2009
martes 25 de agosto de 2009
What?
lunes 22 de junio de 2009
El amague del bondi

Qué abulia.
Simplemente exponer hoy otro caso cotidiano que turba mi mente cuando viajo. Una pavada que no pretende trillar la rutina, como sí lo hace el stand up, recién decifro gracias a Alverja, y que no me gusta... [no me gusta que trillen la rutina, cuando el guiño no me llega; sí el stand up].
Entonces hoy quiero advertir: no se coman el amague del bondi. Esto es: cuando uno sube al colectivo lleno o medio abarrotado, espera el milagro de que se libere algún asiento. Es así que, para tal objetivo, se traza una estrategia cada vez más afinada.
Algunos ejemplos que me ha dado a conocer el maestro fundador de tal pericia: cuando el recorrido pasa por una escuela, estar atento a los asientos ocupados por guardapolvos blancos. Lo mismo para hospitales de pediatría y las madres a las que les salen críos hasta de los bolsillos, y así...
El amague lo encarna una persona poseedora de un asiento, que desde que se sube parece que se va a bajar: se sienta sin apoyar la espalda, se toma de las manijas y asoma la cabeza por encima de las otras para observar siempre el recorrido, con la vista atenta al horizonte. Aviso: puede estar en la misma actitud desde Retiro a San Justo, y que su espalda no se le inmute. Es común también que tome su bolso, prepare la campera, acomode los bártulos... un ejemplo de esto se da mucho en las líneas que pasan por el barrio de Once: las compradoras al por mayor que, llenas de bolsas apoyadas en el piso, entre sus piernas y debajo del asiento que ocupan, toman las manijas de la bolsa camiseta ni bien cruzan la avenida Pueyrredón, y repiten las señas ya descriptas. Reitero: pueden actuar de tal forma, a veces descansando y volviendo a retomarla (peor: uno piensa que se había equivocado pero que ahora sí se bajará), hasta González Catán. Consejo: si alguien demuestra estos amagues más de tres veces en el lapso de 15 cuadras, vaya eligiendo otro asiento que acechar.
lunes 1 de junio de 2009
Look out
Desde hace varios años, especialmente desde que entré a formar parte de este campo –que será hoy objeto de análisis–, me interrogo sobre un tema que me resulta incomprensible:
¿Qué insondable razón explica que algunas parejas prefieran sentarse a comer uno al lado del otro, en lugar de enfrentados y mesa por medio?
Muchas veces, al entrar a un restaurante, bar, bolichón o almorzadero me encuentro con esta imagen tan ajena, como cuando uno conoce la casa de otro y nota que guarda la harina en la heladera, por ejemplo.
Los toquetones. A veces se trata de parejas jóvenes, que no pueden quitarse las manos de encima. Entonces, se explica por qué prescindir de la mesa.
Los resignados. Otras, son parejas mayores, de mediana edad en adelante, que justifican la ubicación común para aprovechar, ambos y sin egoísmos, la visual televisiva. Estos son los que permanecen en silencio todo el almuerzo o cena, y que un comercial podría hacer estallar la tensión silente.
Los divorciados. Me inclino a pensar que existe una porción considerable de la muestra analizada que evita el contacto visual, porque éste puede ser catastrófico.
Me falta, todavía, avanzar en esta investigación. Sé que todavía se pueden arriesgar muchas hipótesis.
El problema queda planteado: ¿por qué evitar el contacto, más sutil y más profundo, de la mesa por medio, de sostener la mirada, advertir la expresión del otro, avivar la conversación?
miércoles 27 de mayo de 2009
Madre [patria]

Este texto me lo enviaron hace unos años, y no tiene desperdicio:
Ten preparada una comida deliciosa para cuando él regrese del trabajo. Especialmente, su plato favorito. Ofrécete a quitarle los zapatos. Habla en tono bajo, relajado y placentero.
Prepárate: retoca tu maquillaje, coloca una cinta en tu cabello. Hazte un poco más interesante para él. Su duro día de trabajo quizá necesite de un poco de ánimo, y uno de tus deberes es proporcionárselo.
Durante los días más fríos deberías preparar y encender un fuego en la chimenea para que él se relaje frente a él. Después de todo, preocuparse por su comodidad te proporcionará una satisfacción personal inmensa.
Minimiza cualquier ruido. En el momento de su llegada, elimina zumbidos de lavadora o aspirador. Salúdale con una cálida sonrisa y demuéstrale tu deseo por complacerle. Escúchale, déjale hablar primero; recuerda que sus temas de conversación son más importantes que los tuyos.
Nunca te quejes si llega tarde, o si sale a cenar o a otros lugares de diversión sin ti. Intenta en cambio comprender su mundo de tensión y estrés, y sus necesidades reales.
Haz que se sienta a gusto, que repose en un sillón cómodo, o que se acueste en la recámara. Ten preparada una bebida fría o caliente para él. No le pidas explicaciones acerca de sus acciones o cuestiones su juicio o integridad. Recuerda que es el amo de la casa.
Anima a tu marido a poner en práctica sus aficiones e intereses y sírvele de apoyo sin ser excesivamente insistente. Si tú tienes alguna afición, intenta no aburrirle hablándole de esta, ya que los intereses de las mujeres son triviales comparados con los de los hombres.
Al final de la tarde, limpia la casa para que esté limpia de nuevo en la mañana. Prevé las necesidades que tendrá a la hora del desayuno. El desayuno es vital para tu marido si debe enfrentarse al mundo exterior con talante positivo.
Una vez que ambos os hayáis retirado a la habitación, prepárate para la cama lo antes posible, teniendo en cuenta que, aunque la higiene femenina es de máxima importancia, tu marido no quiere esperar para ir al baño. Recuerda que debes tener un aspecto inmejorable a la hora de ir a la cama... si debes aplicarte crema facial o rulos para el cabello, espera hasta que él esté dormido, ya que eso podría resultar chocante para un hombre a última hora de la noche.
En cuanto respecta a la posibilidad de relaciones íntimas con tu marido, es importante recordar tus obligaciones matrimoniales: si él siente la necesidad de dormir, que sea así; no le presiones o estimules la intimidad. Si tu marido sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar.
Si tu marido te pidiera prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes. Es probable que tu marido caiga entonces en un sueño profundo, así que acomódate la ropa, refréscate y aplícate crema facial para la noche y tus productos para el cabello. Puedes entonces ajustar el despertador para levantarte un poco antes que él por la mañana. Esto te permitirá tener lista una taza de té para cuando despierte.
Instrucción de economía doméstica, panfleto de la Falange Española, 1958.
En algo hemos avanzado... estas cosas, ahora, se exigen con otros modos...


